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Trastorno afectivo bipolar

  1. Resumen
  2. Riesgos
  3. Síntomas
  4. Diagnóstico
  5. Tratamiento
  6. Prevención
  7. Pronóstico

Resumen

El trastorno afectivo bipolar es un trastorno del ánimo caracterizado por períodos de ánimo exaltado (episodios maníacos) que alternan con períodos de ánimo decaído (episodios depresivos). Los episodios maníacos se caracterizan por un humor exaltado o irritable que no es normal (euforia) y un aumento de la energía. Los episodios depresivos presentan tristeza persistente, pérdida del interés y poco entusiasmo. Esta condición es causada principalmente por factores genéticos y un desequilibrio químico en el cerebro. Una persona que recibe este diagnóstico requiere tratamiento y control durante toda la vida, lo que se puede lograr por medio de terapia psicológica y medicamentos. Si bien el trastorno bipolar necesita de atención durante toda la vida, muchas personas aprenden a controlar sus síntomas y logran llevar una buena calidad de vida.

Riesgos

Las causas del trastorno bipolar no se comprenden bien aunque se cree que varios factores se combinan para causar esta condición. Estos factores incluyen desequilibrios químicos en el cerebro, factores genéticos (a veces la bipolaridad es hereditaria) y factores ambientales (como eventos traumáticos en la niñez y otras circunstancias estresantes de la vida).

Síntomas

Las personas con un trastorno bipolar experimentan episodios de euforia y de depresión. Estos episodios pueden ocurrir con semanas, meses o años de separación. Durante los episodios depresivos la persona tiene el ánimo decaído, poca energía, menos motivación y dificultad para concentrarse. Puede aumentar de peso y sentir que sus movimientos y pensamientos se tornan lentos y menos espontáneos. Durante los episodios maníacos, la persona se siente llena de energía, hiperactiva y capaz. El estado de ánimo puede ser eufórico o irritable, puede haber conductas irracionales e impulsivas y una aceleración del pensamiento y el habla. Además, estas personas necesitan dormir menos horas. Durante ambos tipos de episodios es posible que se adviertan síntomas psicóticos como delirios y alucinaciones. Los episodios depresivos y maníacos pueden ocurrir en cualquier orden, con o sin pausas entre ellos, e incluso ocurrir a la vez. En muchas personas, los episodios de depresión o manía pueden ser desencadenados por eventos estresantes de la vida.

Diagnóstico

El diagnóstico del trastorno afectivo bipolar suele hacerse en una consulta psiquiátrica luego de considerar los síntomas y cómo se manifiestan a lo largo del tiempo. Debido a la naturaleza del trastorno bipolar suele ser útil para el psiquiatra discutir los síntomas con personas cercanas a la persona que posee el trastorno bipolar. Se deben descartar en consulta médica otras causas posibles de los síntomas antes de diagnosticar el trastorno bipolar y para este fin se pueden solicitar análisis de sangre o estudios del cerebro. A veces también es necesario realizar análisis de sangre para vigilar los medicamentos que se utilizan para tratar el trastorno bipolar.

Tratamiento

El tratamiento incluye medicamentos para estabilizar el estado de ánimo. La psicoterapia y la educación sobre el trastorno pueden ayudar a las personas a aceptar su diagnóstico y reconocer los síntomas de la manía o la depresión antes de que se tornen abrumadores. Los controles regulares en consulta médica generalista, psicológica o psiquiátrica pueden ayudar para llevar un seguimiento de la respuesta a la medicación.

Prevención

Una buena red de apoyo, antes y después del diagnóstico, puede ayudar a reconocer los síntomas de la depresión o la manía tempranamente y prevenir algunas de sus consecuencias.

Pronóstico

El trastorno afectivo bipolar es persistente y requiere de tratamiento y control a largo plazo. Muchas personas tendrán recaídas, especialmente en momentos de estrés elevado. En las primeras etapas del trastorno, muchas personas pueden tener tendencias suicidas, por lo que el diagnóstico y el tratamiento tempranos son vitales. La mayoría de los episodios se pueden controlar bastante bien. Aunque difiere mucho de una persona a otra, los episodios se presentan, en promedio, cada 3 a 4 años.